El populismo en Europa: ¿cada vez más inevitable?

, de traducido por Mar Segura, Basile Desvignes

El populismo en Europa: ¿cada vez más inevitable?

Populismo. Una palabra que nos es familiar a todos, puesto que ha aparecido regularmente en los últimos años para analizar una serie de fenómenos políticos y electorales. Nos referimos al aumento del populismo cuando describimos tanto el crecimiento de los movimientos de la extrema derecha a nivel europeo, como el declive de la socialdemocracia en favor de la izquierda radical. El populismo también es utilizado para analizar partidos inclasificables, como el Movimiento 5 Estrellas en Italia, los challecos amarillos, los eventos como el referéndum del Brexit en 2016, o incluso el rechazo de la Constitución Europea en 2005.

Este término es a veces utilizado de forma descalificante contra figuras políticas o partidos vistos como agitadores o radicales. También puede ser completamente apropiado o teorizado, como fue el caso de Jean-Luc Mélenchon y la plataforma Francia Insumisa, que reivindicaba ser parte de la izquierda populista ideada por Chantal Mouffe. Incluso más sorprendente, el 22 de noviembre de 2018, el presidente francés Emmanuel Macron nombró a los alcaldes que tenía entre su audiencia «verdaderos populistas». El uso que el presidente dio al término recalca su complejidad; Macron tomó la precaución de distinguir entre populistas «reales» y los «demagogos» y «nacionalistas». Antes de empezar con este rápido repaso, solo podemos estar de acuerdo con la observación del teórico político argentino Enresto Laclau: «El populismo es un concepto elusivo y recurrente. Pocos términos han sido tan utilizados en el análisis político contemporáneo, aunque pocos han sido definidos con menor precisión. Sabemos de forma intuitiva a qué nos referimos cuando decimos que un movimiento o una ideología es populista, pero tenemos grandes dificultades al traducir esta intuición en conceptos».

Entre 2015 y 2018, el número de artículos en los que aparecía la palabra «populismo» en la prensa francesa ascendió de 486 a 1254. Le Taurillon, versión francesa de El Europeísta, no es una excepción a esta tendencia. Aunque es difícil establecer figuras exactas del uso del término «populismo» por sus editores (también debemos tener en cuenta las variaciones en la frecuencia de publicación desde la creación de Le Taurillon en 2005), se ha observado sin duda un aumento considerable en su uso. Tras unas cuantas búsquedas en la base de datos de Le Taurillon, podemos estimar que el uso más frecuente del término empezó a partir de los debates sobre la reforma de la Ley Fundamental de Hungría encargada por Viktor Orbán en 2011.

Sin embargo, el uso del concepto populismo no se limita a este evento. Sería una pena examinarlo de forma monolítica, sin hacer un análisis pluralista de distintos populismos (de derechas, de izquierdas, de arriba abajo, de identidad, de resistencia), mencionados en Le Taurillon. Por esa razón, en este artículo propongo un rápido repaso de los populismos descritos, y, a veces, analizados en Le Taurillon desde 2005.

A menudo descrito como una amenaza a la democracia, el populismo está intrínsecamente ligado a la idea de crisis, un fértil caldo de cultivo del que podría emerger periódicamente. Pero, ¿debería entonces ser considerado como un elemento inseparable de la política europea? ¿Cómo ha evolucionado la noción de populismo desde 2005?

¿Puede cualquiera ser populista?

Incluso a día de hoy, todavía no existe una definición clara y rigurosa del término populismo. La falta de una definición quizás explica su uso frecuente al describir el posicionamiento de partidos a veces fundamentalmente distintos. La primera mención del populismo en un artículo de Le Taurillon no puede ser determinada de forma exacta, pero fue usada poco después del fracaso de la Constitución Europea en 2005. Ya en 2006, varios artículos lamentaban el «retorno del populismo y el aislacionismo», sin referirse a ningún partido político en concreto.

Entre 2006 y 2010, muchos artículos publicados en Le Taurillon condenaban la actitud «populista» de ciertos partidos de dentro de la Unión Europea. Sin embargo, esta nunca fue la principal crítica que se les hizo. El populismo siempre estaba relacionado con otras críticas; los partidos eran a menudo acusados de demagogia, explotación de las instituciones europeas, y nacionalismo.

Varios ejemplos demuestran que la noción de populismo no era tan importante, ni tampoco tenía el mismo significado que le damos hoy en día. Es una noción flexible; puede caracterizar partidos que eran ideológicamente opuestos y, a veces, no demasiado sensibles a temas europeos,como la Unión Socialcristiana de Baviera, mientras otros notablemente proeuropeos, como el Partido Socialdemócrata de Alemania. La acusación de populismo es un reproche «entre los otros», que no destaca en la práctica.

Hasta que Viktor Orbán llegó al poder (por segunda vez) en 2010, ningún país de la Unión Europea había sido gobernado por un partido que se pudiese calificar como populista. Esto puede explicar por qué el concepto era muy difuso antes de 2010 puesto que nunca se había aplicado en la práctica.

Establishment contra la soberanía popular

El ascenso al poder de Viktor Orbán en Hungría en 2010, y, sobre todo, la adopción de una nueva constitución por la Asamblea Nacional de Hungría, representaron un punto clave en el análisis del populismo. Para empezar, era la primera vez que un partido descrito como populista llegaba al liderazgo en un Estado miembro de la Unión Europea. Además, otros grupos y líderes políticos ganaron poder en los años siguientes: en Eslovaquia, República Checa, Polonia, Austria e Italia. Los países de Europa occidental también experimentaron una oleada de populismo, hasta el punto que el fenómeno se examinó desde entonces desde una perspectiva paneuropea.

En 2012, un análisis titulado «Comprendre le populisme» fue publicado por Le Taurillon. Tras años de artículos dedicados al ascenso al poder de Viktor Orbán, este artículo presentaba una nueva perspectiva sobre el populismo, que se retomaría a partir de entonces. Por primera vez, se comparó el aumento y la toma de poder de los partidos populistas de la Unión Europea. El artículo también era un espacio donde interrogar el funcionamiento, los principios y los valores sistemáticos de los partidos populistas y su autor expone que, tras entender las características del populismo, debemos formular argumentos en su contra.

¿Un nuevo modelo en la Unión Europea?

A día de hoy, la Unión Europea tiene alrededor de treinta partidos que podrían clasificarse como populistas, tanto de derechas (la mayoría) como de izquierdas. A primera vista, las similitudes entre estos partidos parecen significativas. Sin embargo, la mayoría no comparte los mismos esquemas ideológicos y no tiene las mismas exigencias. Algunos son más proclives a la violencia, al racismo o a la idea de una sociedad cerrada. Estas diferencias explican por qué los partidos populistas se mantienen divididos en el escenario europeo y se niegan a sentarse juntos en el Parlamento Europeo.

No obstante, también tienen bastantes puntos en común. Los partidos populistas están unidos en defensa de la soberanía y el proteccionismo, «defendiendo a la gente contra las élites"», y, sobre todo, criticando a la Unión Europea, a la que representan como un proyecto antidemocrático y ultraliberal. Hasta hace poco, varios partidos populistas pedían, a veces bajo ciertas condiciones, abandonar la Unión Europea. Aun así, en concreto desde el voto del Brexit y sus negociaciones, algunos de los partidos han dejado de lado esta demanda. Ciertos partidos de ultraderecha como Le Rassemblement National (Francia), La Lega Nord (Italia) y el Österreichische Volkspartei (Austria) han afirmado su intención de reformar la Unión Europea desde dentro, transformándola en una comunidad de estados soberanos.

Esta evolución plantea interrogantes sobre la naturaleza del populismo en la Unión Europea. Hasta el año 2010, el populismo se consideraba un fenómeno puntual, una actitud de ciertos partidos durante un período de tiempo limitado, que variaba según el contexto político, económico y social. Así pues, la crisis de 2008 y sus consecuencias se han considerado durante mucho tiempo un caldo de cultivo para el desarrollo de partidos populistas. Hoy en día, estos últimos parecen estar firmemente establecidos en la Unión Europea y ya no piden marcharse.

En Europa del Este, los líderes opuestos a fortalecer la Unión Europea, sin pedir desmantelarla, han constituido el grupo de Visegrado. En Europa occidental, varios partidos euroescépticos están formando alianzas transfronterizas, y adoptan una nueva visión de Europa basada en el funcionamiento de los Estados-nación. Esta estrategia parece ser fructífera. En toda Europa, los partidos euroescépticos siguen ganando terreno gracias al discurso que combina el euroescepticismo con el deseo de establecer una red de comunicaciones y alianzas en Europa.

El populismo es probablemente uno de los acontecimientos más sorprendentes de la vida política europea en los últimos quince años. A pesar de que el concepto todavía es relativamente abstracto, toma su significado completo cuando se estudia a nivel de la Unión Europea. El populismo aboga por un retorno a los Estados-nación, el cual considera la base del funcionamiento democrático, y se opone a las instituciones europeas. Los pro-europeos rechazan esta noción y abogan por el fortalecimiento de la integración europea.

Un sistema que contiene estas dos visiones opuestas de la integración europea se está convirtiendo en norma en el escenario europeo, tal y como demuestran las últimas elecciones europeas de 2019 y varias elecciones nacionales, en las que partidos que defienden la integración europea se enfrentan a partidos euroescépticos. El populismo parece haberse convertido en un elemento inevitable de la vida política europea.

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