La Generación Perdida europea

, de Tomás Bernardo Solana

La Generación Perdida europea

A veces es curioso como, cuando el esperpento y la ilógica nos rodea, nos olvidamos de datos importantes. Pronto se van a cumplir tres años del Brexit, el momento en el que uno de los peores gobernantes de la historia de Gran Bretaña, David Cameron, estuvo a punto de completar un plan genial: Asegurar la permanencia de Escocia en Reino Unido y al mismo tiempo obtener ventajas de la Unión Europea en un mismo año. Ambos objetivos, además, se lograrían usando argumentos relativos a la conveniencia, que no convicción, de quedarse en el «club continental». Pero algo salió mal...

Los primeros problemas vendrían de su propio discurso; euroescéptico y amenazante, que aunque finalmente sólo fuera una argucia política, sus propios ciudadanos no terminaron entendiendo. «¿Europa perjudicaba los intereses británicos desde 1973, pero desde que logró un acuerdo con Bruselas en el 2016 ya no lo hacía?». Esto daba a entender a muchos de su partido desde el 12 de Mayo de 2010, y obviamente no habría que ser un experto politólogo para comprender porqué esta estrategia salió mal. Sin embargo, el deseo del pueblo escocés de quedarse en la Unión, fue superior a su ancestral enfrentamiento con el invasor anglosajón y aquí la estrategia sí funcionó: Los escoceses votaron quedarse dentro del Reino Unido si, (y sólo si) ello les permitía quedarse en Europa. En cuanto a la segunda parte de su plan, el resto ya es historia…

Discúlpenme, quizás me estoy desviando un poco del tema principal, y volviendo al asunto de los datos en frío: ¿Sabían que la opción de la salida sólo triunfó entre los mayores de 50 años? ¿Y que la opción de la permanencia tuvo el 64% de los votos entre los jóvenes entre 18 y 24 años?. La interpretación de estas estadísticas deja en evidencia la brecha generacional actual entre pro-europeos y eurófobos, y no sólo en las islas británicas, si no en toda Europa. Claro; hay que ser muy rico o muy ignorante para agradarte perder oportunidades de futuro en forma de la posibilidad de tener estudios y trabajo en el extranjero. Los conformistas ahora me dirían: “no es una oportunidad, es una obligación”. Pero la verdad es que una vez superados los mitos y leyendas de la crisis económica, no nos engañemos; a cualquiera le agradaría poner en su currículum que ha estudiado en la Sorbona o ha trabajado para una empresa como Bayer. O tan sólo el poder disfrutar del simple hecho de poder viajar por Europa de forma fácil y barata. Y todo esto lo tenemos gracias a ser ciudadanos de la Unión Europea.

Bueno, y “¿Por qué necesitamos movernos de nuestro pueblo o ciudad?”. Dirán los poco aventureros y cómodos; pero aún quedándote toda tu vida viviendo en tu pueblo o ciudad, la verdad es que es prácticamente imposible el poner una piedra sobre otra para edificios públicos, hablo de carreteras, hospitales o escuelas, en las zonas rurales o desfavorecidas de este continente sin la ayuda de la Unión Europea, hoy en día. Y por esto, evidentemente, ningún joven al que le preocupe su futuro, lo arriesgaría todo por las absurdas utopías de los partidos extremistas y eurófobos. Seamos serios: de verdad alguien cree que las nuevas generaciones de europeos van a cambiar las absurdas ideas sobre la vuelta de unos viejos imperios por parte de la derecha, o la de crear unos “paraísos autogestionables”,pero tercermundistas, desde la izquierda, por las ventajas que ofrece una Europa unida?

Cuando los jóvenes británicos, húngaros, italianos, polacos, hoy en día, cuando salen a las calles con esta bandera (señalo a la mía) no están haciendo una apología de una institución económica de viejos ricos como los extremistas dicen, si no una verdadera revolución contra aquellos que desde el poder quieren acabar con los derechos humanos que el Tratado de la Unión Europea y el Tribunal de Estrasburgo, defienden desde siempre, y esa es la verdad. Como cuando en Diciembre de 2017 intervinieron en Polonia, en nombre de sus ciudadanos, para preservar la separación de poderes en este país, o en Hungría en 2018 contra de las leyes xenófobas de su gobierno y a favor de la libertad de prensa.

Obviamente, estos hechos nos enseñan una realidad; que es la intención de los partidos extremistas de derecha e izquierda por establecer dictaduras lejos de algún poder que se lo pueda impedir. ¿Y qué argumentos suelen ofrecernos para intentar lograr este objetivo?. Pues los de siempre: Por ejemplo, la recuperación de la soberanía nacional. Piensen en ello un momento; en el mundo multicultural y globalizado actual, que es así le pese a quien le pese, es normal preferir ser gobernado bien y por gente que defiende los derechos humanos aunque estén lejos (bueno a menos de dos horas de avión) que el aspirante a político de la provincia o comunidad de al lado, cuyo ideal de gobierno ideal sería la España de 1940 o la Italia de 1922, ¡esto es evidente!. Y por supuesto está el clásico “argumento”, por llamarlo de alguna manera, del intento de invasión económica de Europa del Sur y del Este por parte de Europa del Norte. Ya sabemos que a los eurófobos no les gusta la Alemania actual, por poner un ejemplo, ya que ellos seguramente preferirán la Alemania de Hitler de 1933 o la Alemania del Este del 49, pero también es verdad que este país también es uno de los mayores contribuidores a los fondos estructurales que tanto han hecho por la supervivencia de los agricultores de España y del resto de Europa, mediante la P.A.C. y ha convertido al sector pesquero de este país en más importante de toda la Unión Europea. Y esto es otra realidad tangible, no una teoría utópica como las de los euroescépticos.

Y pensar que todos estos estos argumentos tan pobres han logrado convencer abuelos y abuelas e incluso han llegado a poner a los padres en contra de sus hijos en tantos, en demasiados países europeos. Esta gente, mitad predicadores mitad matones, hablan de salvar la cultura europea cerrando sus fronteras, de preservar las tradiciones menospreciando las del vecino y llamando a sus hermanos de continente extranjeros. Esta gente que van de fuertes por la vida, en realidad nos hacen a los europeos débiles ante cualquier amenaza exterior real o posible, al poner muros en nuestro continente entre los que tenemos distinto idioma pero compartimos la misma forma de pensar, los valores e incluso la sangre de nuestros antepasados. Demostrando que los euroescépticos con su miedo al diferente, a la humanidad, son la verdadera fuente de debilidad de Europa y no los europeístas; que miramos hacia el futuro orgullosos del pasado del continente que mueve el mundo desde la época del Renacimiento y la Ilustración.

Hoy escribo esto, no para hablar de aburridas conclusiones con datos en la mano, sino para ponerme en la piel de esos jóvenes que están perdiendo libertades z manos de políticos eurófobos y euroescépticos que, locos o ignorantes, van contra el bien de las generaciones futuras, de la corriente unificadora de la humanidad que vivimos en el presente y de todos los sagrados logros que nuestros padres y abuelos lograron, los cuales han estado evitado guerras en el continente durante más de sesenta años y que convirtieron nuestro hogar europeo en el espacio más democrático y progresista del mundo.

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