La verdad sobre la acogida de solicitantes de asilo en Europa

, de Ella Powell, traducido por Martyna Anna Wierzbicka

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La verdad sobre la acogida de solicitantes de asilo en Europa
Credit: Edu Aguilera/Flickr. Creative Commons licence.

Diciembre de 2020. Una noche fría y oscura. Un grupo pequeño de manifestantes se reúne fuera de la Oficina de Asuntos Internos en Cardiff con pancartas, mojadas por la lluvia, en las que se lee “Enfréntate al racismo” y “Los refugiados son bienvenidos aquí”. Es una de las muchas protestas organizadas en contra de los estándares inhumanos del campo de recepción de solicitantes de asilo Penally, situado en el cuartel militar en Pembrokeshire. Existen informes sobre comida no comestible, acoso por parte de manifestantes de derechas y hacinamiento, entre otras cosas. Hacia finales de enero de 2021, se informó que se estaban tomando medidas para cerrar el campamento que albergaba a los solicitantes de asilo en condiciones inhumanas. Pero este problema no es único y no solamente sucede en Penally. La legislación de la Unión Europea establece un estándar para la recepción de solicitantes de asilo en el Sistema de Asilo Europeo Común que estipula un ‘nivel de vida digno’, pero en el resto del Reino Unido, así como en Europa, el alojamiento para personas solicitantes de asilo y refugiadas está bastante lejos de ser digno.

La legislación de la Unión Europea.

El artículo 17 de esos estándares estipula que un ‘estándar adecuado de vida’ debe cumplirse con el objetivo de asegurar la ‘subsistencia’ que ‘protege la salud física y mental’. Es una definición vaga y abierta a la interpretación, permitiendo a los Estados de recepción aplicar las mínimas medidas de alojamiento adecuado posibles. Con los recortes austeros y la carencia de un sistema común, la ‘armonización de condiciones’ exigida a los Estados miembro está lejos de la realidad.

Los alojamientos de recepción temporal que acoge a las personas refugiadas —por lo que pueden ser infinitos meses— es el primer paso en la consecución del asilo, pero las pobres condiciones que muchos deben soportar mientras esperan la resolución de su solicitud ofrecen poca esperanza para su futuro en el país.

A menudo estos alojamientos han sido desarrollados en edificios reutilizados. De hecho, no es para nada poco común encontrarse barracones militares, almacenes u oficinas siendo utilizadas para alojar a las personas solicitantes de asilo y personas refugiadas, sin que estos edificios posean las instalaciones necesarias para que sean aptas para su uso. Esto puede conllevar a que las personas refugiadas estén aisladas de la sociedad: por ejemplo en Chipre, donde se hallan algunos centros de detención de refugiados en tierra de nadie entre el norte y el sur de la isla. Algo similar sucede en Grecia, en donde dichos centros se encuentran en islas de difícil acceso. Mientras tanto, las Naciones Unidas han identificado la interacción entre ciudadanos del país de acogida y personas solicitantes de asilo como el factor esencial en la integración de las personas refugiadas. Por tanto, alojándolos en lugares lejanos a la comunidad es dañino para su primer toma de contacto con el país de acogida, sin olvidarnos de las potenciales experiencias traumáticas que les llevaron a la huida de su país de origen en primer lugar.

Subcontratación y privatización.

Aunque la responsabilidad de proporcionar alojamiento y asegurar una mínima calidad de vida recae sobre el Estado, muchos Estados han decidido externalizar su sistema de asilo, ya sea total o parcialmente. Al contratar los servicios de compañías privadas, el beneficio se convierte en la prioridad, por encima de los derechos humanos y el bienestar. El Reino Unido fue el primer país de la UE en iniciar el proceso de privatización de su sistema de asilo en 1971 cuando G4S, la compañía que también atiende las prisiones y la seguridad fronteriza, dirigía centros de recepción cercanas al aeropuerto Heathrow. Desde 2012, el 100% de los alojamientos proporcionados a los solicitantes de asilo por el Ministerio del Interior británico han sido de origen privado. Trágicamente, los países con los mayores números de muertes de solicitantes de asilo registradas, han privatizado entera o parcialmente los servicios de asilo.

Entre estos países se encuentra Alemania, el destino de preferencia de muchos solicitantes de asilo en Europa. Allí, la compañía European Homecare, que proporciona servicios a refugiados menores de edad y a extranjeros detenidos en prisión, ha visto incrementar su beneficios en un 66% desde 2014.

Ya sea como una consecuencia directa de la privatización de los servicios de asilo o no, es posible identificar una correlación entre el incremento de la subcontratación de los servicios de asilo y las muertes de las personas que usan esos servicios. En 2015, el Institute of Race Relations descubrió que 123 de 160 muertes de los clientes de los servicios de asilo en la UE ese mismo año murieron a causa del propio sistema, la mitad de los casos correspondiendo a suicidios. 29 de esos fallecimientos se produjeron en Alemania y 22 en Reino Unido. Mientras, sus gobiernos hacen la vista gorda a las indignas e infrahumanas condiciones que reciben los solicitantes de asilo, continuando la contratación de dichos servicios al postor más barato.

Alojamientos y COVID-19.

Teniendo en cuenta la crisis sanitaria que estamos viviendo, las personas refugiadas y solicitantes de asilo son extremadamente vulnerables frente al virus, viviendo en condiciones en las cuales las medidas de seguridad como lavarse frecuentemente las manos, llevar mascarillas y la distancia social no son posibles. Filippo Grandi, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados apuntó: “El coronavirus no conoce fronteras ni barreras lingüísticas, Amenaza a todos en este Planeta — incluyendo a las personas refugiadas y otras personas desplazadas.

Y este fue el caso en países como Singapur, en donde el 93% de los casos detectados fue en albergues que habitan trabajadores migrantes, y Grecia, en donde 148 solicitantes de asilo alojados en el mismo hotel dieron positivo. No obstante, en algunos casos las tasas de contagios fueron menores, como ha sido el caso de Reino Unido demostrando, sin embargo, la exclusión de la sociedad y el aislamiento que sufren las personas refugiadas y solicitantes de asilo.

¿Esperanza para el futuro?

Las organizaciones de caridad como Stand Up to Racism exigen que las condiciones descritas con anterioridad se conviertan en cosa del pasado. De hecho, no es un objetivo imposible. Las iniciativas como ‘Solidarity Cities’, creadas por la red de la Unión Europea ‘Eurocities’ para trabajar en un enfoque más cohesionado, han unido muchas ciudades europeas en su objetivo de crear refugios acogedores para menores no acompañados. Las llamadas para parar los métodos de aislamiento, como el alojamiento remoto y las etiquetas como refugiado, y el estímulo para considerar a los inmigrantes como recién llegados y conciudadanos, fomentan la inclusión y la diversidad, así como un sentido de responsabilidad hacia los nuevos vecinos. Es algo que ha sido reivindicado por la red Inclusive Cities que componen 12 ciudades en el Reino Unido, una iniciativa de la Universidad de Oxford en base a su investigación en integración y migraciones. Si bien la del alojamiento de los solicitantes de asilo está en manos de los gobiernos europeos, es a través de iniciativas como estas que una sociedad que acoge a todos con respeto y en término de igualdad puede volverse intolerante con las hostiles condiciones a las que se enfrentan los solicitantes de asilo.

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